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¿De qué nos sorprendemos?

16 abril 2011

Telefónica anuncia despedirá  a miles de trabajadores y que repartirá miles de euros entre sus altos cargos o directivos. Ya han comenzado algunos a decir que eso es inmoral, poco ético o simplemente una canallada, pero en realidad no entiendo de qué se sorprenden. Que yo sepa, Telefónica es una empresa privada y puede hacer de su capa un sayo, como suele decirse. Puede pagar lo que estime oportuno a sus brillantes cerebros y puede ser que no necesite tantos trabajadores en España. Sin duda, los grandes cerebros de Telefónica han pensado que lo mejor es trasladar el trabajo a terceros países, ahorrándole a la empresa un montón de dinero y por lo tanto es necesario despedir a los trabajadores españoles. Y como esta idea es brillante, debe ser recompensada como se merece.

Tal vez lo que tendríamos que plantearnos ahora es cómo hemos llegado a esta situación. Tal vez, si un tipo llamado José María no hubiese regalado a los amigos privatizado una de las empresas más rentables que existían en España ahora el dinero no iría para los brillantes directivos sino para mejorar la cobertura, por ejemplo, o para conseguir que en ese pueblo de trescientos habitantes también puedan conectarse a internet.

Pero en su momento lo público pasó a manos privadas sin que nos preocupásemos demasiado. Y lo peor es que la historia se repite una y otra vez y reaccionamos como si no fuese con nosotros. No comprendemos que cada vez que permitimos que lo público pase a manos privadas estamos perdiendo calidad de vida y patrimonio y servicios y toda una serie de cosas que ha costado mucho conseguir.

Pero estamos viviendo una época en la que intentan convencernos de que no tenemos derecho a todo eso que hace unos años parecía obvio. Dentro de poco nos diran que eso de la educación gratuita no es sostenible, ni la sanidad ni el aire que respiramos y cuando nos demos cuenta descubriremos que hay dos tipos de ciudadanos: los brillantes directivos que podrán dar educación a sus hijos y sanidad a sus ancianos, y el resto de nosotros que después de pagar las deudas de los bancos y cajas del país tendremos que renunciar a educar nuestros hijos e hijas y resutlará que nuca podrán aspirar a ser brillantes directivos de las empresas que llegaron a ser grandes con el esfuerzo y el dinero de todos y después pasaron a manos de los de siempre.

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