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Bombas de racimo.

20 abril 2011

Recuerdo que hace muchos años mataron en los Grandes Lagos a siete misioneros españoles. Lo sorprendente de aquellas muertes fue que en lugar de utilizar los machetes se utilizaron pistolas. Y lo triste es que esas pistolas estaba hechas en España. Una desgracia como otra cualquiera, nadie pudo explicar cómo demonios habían llegado esas pistolas al corazón de África. Las buenas gentes de este país lamentaban la terrible coincidencia, pero años más tarde toda una ciudad salió a la calle para pedir que no se desmantelara la fábrica de armas.

Porque lo que debemos tener en cuenta es que la fabricación de armas es un negocio que enriquece a unos pocos y permite a algunos tener un puesto de trabajo y pagar la hipoteca y poder sacar adelante a la familia. Resulta curioso que ahora mucha gente parezca indignada porque el estado español vendió armas a un dictador pero se entusiasmen cada vez que hay un desfile militar y se queden boquiabiertos cuando esos aviones tan rápidos y tan modernos hacen espectaculares acrobacias y pintan de colores los cielos.

Eso mata.

Y matan las armas que se fabrican en nuestro país, y los barcos que se fabrican en nuestros astilleros irán cargados de cohetes que no son para las fiestas del pueblo. Y esos carros de combate, y esos buques anfibios. Y para decirlo todo y no quedarme con las ganas conviene recordar que las llamadas armas y vehículos para uso civil también pueden matar. Los coches antidisturbios, los tanques de agua, las escopetas con bolas de plástico se venden impunemente a distintas dictaduras y a paises democráticos como Venezuela o Israel y acabarán siendo utilizados contra los ciudadanos.

Esto es así, y antes de comenzar a criticar a tal o cual gobierno por permitir que se vendieran bombas de racimo a Gadaffi habrá que preguntarse si estamos dispuestos a renunciar a una parte del pastel. Es muy fácil ser pacifista cuando no tenemos que prescindir de nuestro medio de vida, pero conviene que se hable claramente y se diga que nuestro país ingresa muchos millones de euros con la venta de material bélico.Y todos nos benecifiamos de exportar sangre y destrucción, pues conviene saber que cuando aplaudimos en un desfile militar estamos aceptando que la tecnología y los recursos se utilicen para matar a otros.

¿O acaso alguien duda que las armas matan? Tal vez habría que ponerles la misma anotación que figura en las cajetillas de tabaco: “El uso de armas mata”, “Las armas pueden provocar una muerte lenta y dolorosa”  “Usar armas durante el embarazo puede perjudicar a su hijo”

Yo creo en otro mundo, pero también se que ese otro mundo no llegará hasta que todos seamos capaces de exigirlo.

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