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La nulidad del voto nulo.

11 noviembre 2011

Después de tres o cuatro años de crisis, casos de corrupción y recortes sociales es normal que muchos de nosotros sintamos que la clase política no está a la altura. El desprestigio de los representantes del pueblo es total, y las dudas sobre su necesidad pueden dar lugar a un estado de malestar propicio para que surjan falsos líderes que alcancen el poder y destruyan todo lo que hemos conseguido en los últimos años. Si, ya se que puede parecer una exageración, pero una sociedad apolítica es una sociedad fácilmente manejable.

Por eso miro con algo de recelo a los que intentan convencernos de que todos son iguales. No es verdad. No todos los políticos son iguales. No es lo mismo el diputado que llega al Congreso porque en su familia hay una gran tradición política (lease que su papa era político con Franco y su abuelo era falangista declarado), que la diputada que era sindicalista y acabó militando en un partido de izquierdas. No, no todos son iguales y siempre hay otras alternativas a las que dar nuestra confianza.

Comprendo que dar nuestro voto a un partido que no va a tener representación parlamentaria puede parecer una tontería, pero no los es. Estamos diciendo que creemos en otro tipo de hacer política, que sabemos cuales son nuestros intereses y quien los representa. Con el voto nulo no se sabe muy bien lo que queremos expresar: malestar, sentido del humor, cabreo… El voto nulo tendría sentido si se contabilizase y se redujese de manera proporcional el número de diputados. Si quedasen escaños sin cubrir tal vez los políticos se esforzarían un poco más por parecer útiles y eficaces.

Siempre he pensado que habría que tener en cuenta el porcentaje de personas que van a votar y repartir los escaños según los votantes reales. De este modo, si hay más de un 90% de participación se cubrirían las 350 poltronas que están en juego, pero a medida que se reduce el porcentaje se reduciría también el número de diputados. Con el sistema actual no importa nada que votemos en blanco, nulo o que no vayamos a votar. Con tal de que los candidatos voten por ellos mismos ya está. Y todos los candidatos tienen familia o amigos que confían en ellos y les votarán.

Por todo esto creo que es mejor, en caso de duda, votar a los partidos minoritarios. Hay que tener en cuenta que si ese malestar que sentimos provocase un voto masivo a los pequeños partidos tendríamos en el parlamento representantes con ideas e intereses variados y no tan escasillados como los miembros de los grandes partidos. Habría que debatir para conseguir consensos y acuerdos y eso podría beneficiar a la sociedad en general. En lugar de blanco y negro tendríamos toda una gama de colores. Dirán que eso puede hacer que el país sea ingobernable, que en estos momentos es necesario un gran consenso y mano dura para aplicar las reformas que son necesarias, pero creo que que un partido tenga una mayoría absoluta no quiere decir que represente los intereses de la mayoría. Y de lo que se trata es elegir a nuestros representantes, no de elegir las siglas de un partido determinado.

2 comentarios
  1. banus permalink

    magnifico amigo, estoy de acuerdo……..

    • Gracias banus!!!
      Estás de acuerdo…… pero con ciertas reticencias.
      La verdad es que a veces tampoco yo estoy convencido de que todo esto sirva de algo, pero algo hay que hacer para que sepan que ni callamos ni otorgamos.
      Un saludo.

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