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El Rey, el príncipe y el gato con botas.

23 abril 2012

Vivimos en un cuento, y ahora no me refiero a los cuentos que nos cuentan casi a diario los medios de comunicación, los políticos y los bancos cuando nos explican que tienen que cobrar más comisiones porque ganaron menos millones que el año pasado. No, el cuento de hoy es un cuento de verdad, con su reino muy muy lejano, su rey, su príncipe y sus vasallos.

Los que hayáis visto las disculpas del rey al salir del hospital comprendéreis que lo primero que se me vino a la mente fue la carita del gato con botas en la película Shreck, cuando decide poner cara de bueno para conseguir algo. Dijo que lo sentía mucho, y que se había equivocado,  aunque no aclaró que era exactamente lo que sentía y en lo que se había equivocado. Lo más lógico es pensar que sentía haberse lastimado y que se había equivocado de fusil, o rifle o de lo que sea que se utiliza para matar elefantes.

Pero lo de las disculpas me da igual. Lo preocupante es que hasta hace poco el rey era un tipo campechano y muy cercano, algo “travieso” pero buena gente. Y como caía bien pues se le disculpaban ciertas licencias y todos felices con eso de la monarquía parlamentaria que salvó a España de otra guerra civil y de paso permitió a las élites franquistas convertirse a la democracia sin pedir perdón ni disculparse por nada. No cuestiono que fuese una buena solución en su momento, pero tal vez ahora podemos replantearnos la cuestión y decidir si queremos seguir con un rey o preferimos organizarnos de otro modo.

Tal vez sea necesario abrir un debate serio y no dejarnos llevar por las cacerías o por los momentos de ocio de los nietos del rey. Al fin y al cabo pertenecen a la aristocracia y tienen ocupaciones y diversiones de aristócratas. O qué pensábamos, ¿que los nietos de los reyes van al parque del barrio a tirarse por un tobogán? ¿Que tienen que presentar papeles y más papeles para quedar en la lista de espera de las guardería públicas? La familia del rey pertenece a la realeza, y los demás somos súbditos del Reino de España, que es como se llama este invento en cuestiones internacionales.

Lo que quiero decir es que la situación actual no es la misma que la de hace treinta años. Todo ha cambiado tanto que es posible que también debamos cambiar nuestra forma de organizarnos como estado. Creo que los ciudadanos de ahora estamos igual de legitimados que los de los años 70 para decidir que forma de gobierno queremos. Si, ya se que los estados no pueden estar modificando cada cierto tiempo sus instituciones fundamentales, pero si para entrar en la Unión Europea o para aceptar leyes procedentes de europa se puede modificar la constitución, ¿porqué no podemos modificarla para decidir nosotros mismos si queremos que se mantenga una institución que para muchos pertenece al pasado?

Tengo la impresión de que se está evitando la cuestión. Hablamos si el rey debe o no irse de cacería; si la infanta conocía los negocios de su marido o si la otra infanta debe denunciar a su ex-marido por imprudente. Y mientras hablamos de todo esto la imagen de Felipe y de su esposa salen reforzadas. Que si saben estar en su lugar, que si no se les conoce ningún negocio turbio, que son una pareja feliz y enamorada…. Y así terminará el cuento. El principe llegará a rey y los gatitos seguirán poniéndose las botas. Y cuanto se enciendan las luces saldremos de la sala de cine pensando si era esta la historia que queríamos ver.

Y será tarde porque esta entrada no admite devoluciones.

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