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La política y la empresa familiar.

26 junio 2012

Hace unos meses supimos que Oriol Pujol se convertía en el Secretario General de Convergència Democràtica de Catalunya. De tal palo tal astilla, podrán pensar algunos, pero la verdad es que el hijo del Señor Pujol hace años que está metido en la cosa pública. Como tantos otros familiares de políticos con responsabilidades de gobierno, comenzó formando parte de uno de esos famosos gabinetes de los que se rodean los representantes del pueblo para poder meter en la administración, y por la puerta de atrás,  a sus más próximos colaboradores en lugar de confiar en los funcionarios públicos que tienen como función defender los intereses generales y no los intereses de tal o cual partido político.

A poco que nos fijemos veremos que los apellidos en la política se repiten. Si, ya se que en este país hay más políticos que apellidos y que es normal que se repitan, pero del mismo modo que el hijo del empresario termina dirigiendo la empresa, el hijo del Diputado en Cortes termina en las listas del partido de papá. Esto no sería del todo malo si no fuese por el hecho de que el hijo que se queda dirigiendo la empresa suele ser el mejor preparado y el que entra en política suele ser el hijo menos válido. La casuística puede ser caprichosa, pero no descartéis que de los hijos del Diputado, la ingeniera con dos carreras, tres másteres y con inglés, alemán y nociones de chino se quede con alguna de las empresas de papá y el chico, que con treinta años aún no ha terminado la carrera de Derecho y que apenas balbucea el castellano a pesar de los veranos en Londres para perfeccionar el inglés, acabe como el joven Alcalde de un ayuntamiento de la costa gallega o como Parlamentario en la Asamblea de la comunidad autónoma correspondiente.

Pero no debemos pensar que esta tendencia es algo nuevo. Apellidos como Fraga, Aznar, Pío Cabanillas, Piqué, Oreja, Fernández-Miranda, Matutes o Arias-Salgado ya estaban presentes en los ministerios de Franco. Sus hijos siguieron en política y sin duda sus nietos ya están ocupando puestos cada vez más importantes. Y es que hay familias que se toman esto de la política como una empresa. Forman a las nuevas generaciones para que les sustituyan en el poder, independientemente del partido político al que pertenezcan, del mismo modo que cualquier empresario desea que sean sus hijos los que se hagan cargo del negocio familiar.

Ojo, que no digo yo que los chavales no sientan los colores, pero estaría bien que entrara aire fresco en los partidos, o incluso que se formasen otros partidos con representación, con voz y con voto en las decisiones importantes. Hacen falta nuevos fichajes, y estoy seguro de que entre esta generación de superuniversitarios existen personas con ideología y formación suficientes para darle un nuevo impulso a la política actual. Entre el hijo del eterno diputado y Tony Cantó tienen que existir alternativas.

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