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La casta.

20 septiembre 2014

Arrimando el hombro.

Cada vez son más los medios de comunicación que se dedican a desinformar a la ciudadanía. Siempre ha sido así, es cierto. Los grandes medios de comunicación siempre han estado, al igual que los políticos, al servicio del poder económico, pero últimamente me resulta casi ofensivo el nivel de manipulación al que están llegando.

Ya en la EGB nos explicaban los diferentes géneros periodísticos y la teoría de las uves dobles. Básicamente hay información y opinión, y tienen que estar claramente diferenciados. Cuando se trata de informar, los periodistas tienen que responder a las preguntas qué, quien, donde, cuando, por qué y cómo. Bien, supongo que esto es lo que enseñan en las facultades de periodismo, y en algún momento se olvidan de la información y deciden pasar directamente a la opinión.

Bueno, da igual, que últimamente no se diferenciar entre los telediarios y las series. Siempre que veo a un “periodista” presentando un telediario me viene a la cabeza la musiquilla de Expediente X y una voz en off diciendo aquello de “La verdad está ahí fuera”. Lo que hay dentro de la tele tiene poco que ver con lo que ocurre en la calle. Y que decir de las tertulias en las que los mismos que antes hablaban de sucesos o de las absurdas vidas de unos cuantos parásitos especializados en vivir de contar sus vulgares vivencias se dedican ahora a analizar la vida política del país.

Ahora está de moda hablar de La Casta política para referirse a todos los políticos, cuando en realidad el término se utiliza desde hace años para referirse a los hijos y nietos de los franquistas que mantienen el poder político y económico del país después de esa transición ejemplar en la que a tantas cosas renunciamos por el bien de la convivencia. Esa es la Casta, los que heredaron de sus abuelos fortunas y empresas que crecieron a la sombra de un régimen autoritario y criminal. Los que mandaban antes y formaron a sus hijos y las hijas de sus hijos para que siguieran mandando, ya sea como respetadas políticas o como importantes empresarios.

Esto es lo que no cuentan los medios de comunicación subvencionados por los distintos gobiernos autonómicos y por los grandes intereses financieros y económicos. Al fin y al cabo, muchos de estos medios sobreviven gracias al dinero de las grandes empresas o a las subvenciones y publicidad institucional de los diferentes gobiernos, y no está bien criticar a quien nos da de comer. Es mejor decir que todos son iguales, que todos forman parte de una casta y que es normal este desencanto que siente la gente hacia la política. Cuantos menos decidan implicarse políticamente, más posibilidades habrá de mantener el poder dentro de la casta.

 

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