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La casta.

Arrimando el hombro.

Cada vez son más los medios de comunicación que se dedican a desinformar a la ciudadanía. Siempre ha sido así, es cierto. Los grandes medios de comunicación siempre han estado, al igual que los políticos, al servicio del poder económico, pero últimamente me resulta casi ofensivo el nivel de manipulación al que están llegando.

Ya en la EGB nos explicaban los diferentes géneros periodísticos y la teoría de las uves dobles. Básicamente hay información y opinión, y tienen que estar claramente diferenciados. Cuando se trata de informar, los periodistas tienen que responder a las preguntas qué, quien, donde, cuando, por qué y cómo. Bien, supongo que esto es lo que enseñan en las facultades de periodismo, y en algún momento se olvidan de la información y deciden pasar directamente a la opinión.

Bueno, da igual, que últimamente no se diferenciar entre los telediarios y las series. Siempre que veo a un “periodista” presentando un telediario me viene a la cabeza la musiquilla de Expediente X y una voz en off diciendo aquello de “La verdad está ahí fuera”. Lo que hay dentro de la tele tiene poco que ver con lo que ocurre en la calle. Y que decir de las tertulias en las que los mismos que antes hablaban de sucesos o de las absurdas vidas de unos cuantos parásitos especializados en vivir de contar sus vulgares vivencias se dedican ahora a analizar la vida política del país.

Ahora está de moda hablar de La Casta política para referirse a todos los políticos, cuando en realidad el término se utiliza desde hace años para referirse a los hijos y nietos de los franquistas que mantienen el poder político y económico del país después de esa transición ejemplar en la que a tantas cosas renunciamos por el bien de la convivencia. Esa es la Casta, los que heredaron de sus abuelos fortunas y empresas que crecieron a la sombra de un régimen autoritario y criminal. Los que mandaban antes y formaron a sus hijos y las hijas de sus hijos para que siguieran mandando, ya sea como respetadas políticas o como importantes empresarios.

Esto es lo que no cuentan los medios de comunicación subvencionados por los distintos gobiernos autonómicos y por los grandes intereses financieros y económicos. Al fin y al cabo, muchos de estos medios sobreviven gracias al dinero de las grandes empresas o a las subvenciones y publicidad institucional de los diferentes gobiernos, y no está bien criticar a quien nos da de comer. Es mejor decir que todos son iguales, que todos forman parte de una casta y que es normal este desencanto que siente la gente hacia la política. Cuantos menos decidan implicarse políticamente, más posibilidades habrá de mantener el poder dentro de la casta.

 

Políticos patrocinados.

 

A veces, cuando escucho en la radio que tal o cual multinacional patrocina el tiempo, o el deporte o incluso las señales horarias de las ocho ( y no es broma, cuando escuchaba la radio de la burguesía catalana había una empresa que nos ofrecía las señales horarias de las ocho!!). Pues cuando escucho en la radio una empresa eléctrica nos ofrece el buen momento del día, o cuando en la televisión interrumpen la emisión de las noticias para explicarnos que la siguiente noticia nos viene de la mano nuestro banco amigo no puedo evitar pensar que sufrimos una democracia patrocinada.

Todos sabemos que los presidentes y los ministros, cuando acaban su carrera política acaban trabajando como asesores en las eléctricas o en los bancos. Bueno, algunos se resisten a abandonar la política, es verdad, pero cuando se van son muchos los que encuentran acomodo trabajando para grandes empresas que saben valorar su capacidad y sus méritos. Supongo que poner en tu currículum vitae que has sido presidente o ministro durante ocho años puntúa mucho más que el curso de gallego para la administración autonómica, pero aún así no está muy claro que pueden aportar a estas empresas que cuentan entre sus directivos con auténticos cráneos privilegiados, hombres de empresa capaces de sobrevivir a cualquier crisis, como lo demuestra el hecho de que los banqueros siguen ganando dinero y nosotros tendremos que devolver aquello que se llamó rescate y no lo era.

Pero me salgo del tema.

Lo que quiero decir es que igual que las grandes empresas hacen publicidad en forma de patrocinio de las cuestiones más insólitas, sospecho que de algún modo también están patrocinando a nuestros políticos para que favorezcan sus intereses en detrimentos de los nuestros. Creo que recordar que hace años ponían el la tele una serie llamada “Caso Gürtel” que hablaba de esto. ¿O era en los telediarios? Bueno, casi es lo mismo. Lo que quiero decir es que ya que los políticos parecen tan interesados en “vendernos” las bondades de este sistema económico tan deshumanizado las empresas debían corresponderles, igual que hacen con los medios de comunicación, y patrocinarlos.

Imagínese usted que antes de escuchar al Ministro de Industria una voz explica que Repsol patrocina la intervención parlamentaria de José Manuel Soria para explicar lo de las prospecciones petrolíferas. O que el BBVA les ofrece la buena noticia económica de Luis de Guindos. O ACS, patrocinador oficial de Ana Pastor. O porqué no decirlo, MBDA misiles y Pedro Morenés, juntos hasta la victoria. Aunque en estos tiempos con tanto rojo en las calles pidiendo la república el mensaje que nos estamos temiendo es aquel que nos diga que Coca-cola nos ofrece los mejores momentos de la coronación de Felipe VI.

 

Acaba la campaña, empiezan las vacaciones.

Mañana será otro día.

Termina otra campaña electoral. Otros quince días de mensajes y propuestas en las que nadie cree, ni siquiera los que tan insistentemente nos piden el voto. Termina otro curso político. Los diputados se irán de vacaciones, los ministros podrán al fin relajarse y los candidatos electos comenzarán a hacer cuentas sobre lo que harán con la pasta que ganarán y a quien podrán llevarse a trabajar a Europa.

Comenzaremos a pensar en el veranito, vacaciones, la vuelta al cole y en cuanto nos descuidemos volverá otra campaña electoral, los mismos discursos sin aportar demasiado contenido,  la misma pasión en algunos y el mismo pasotismo en otros.

Si algo ha caracterizado esta campaña electoral ha sido la falta de discurso. Nadie se ha esforzado en explicar nada sobre Europa, ni los que se definen como europeístas convencidos ni los que se presentan para sacarnos de la Unión Europea. Nadie aporta argumentos y lo peor es que nadie quiere que nos enteremos demasiado sobre como funcionan las cosas. No hay pedagogía, pero tampoco hay interés por parte de la ciudadanía por informarse. La política está tan desprestigiada que algunos hasta sienten vergüenza diciendo que van a ir a votar.

Y mientras tanto los populismos ganan partidarios. Gente desilusionada que se deja llevar por los discursos incendiarios de algunos o por el buenismo de otros. Resulta conmovedor escuchar a Rosa Díez criticando a los que viven de la política como si ella no llevase toda la vida metida en el negocio. Por no hablar de los que van a cambiarlo todo porque pueden o los que afirman que no les representan. Todo son buenas intenciones pero muy pocas ideas, muy pocas cosas que nos sorprendan o que por lo menos sean novedosas.

O tal vez no.

Puede que haya otras ideas y otras alternativas pero que sean difíciles de encontrar. En la prensa y las tertulias radiofónicas intentan hacernos creer que todo es corrupción y que todos son iguales. No hacen otra cosa que proteger a quien les paga la publicidad institucional, se ceban con algunos casos y con algunos personajes pero apenas informan sobre aquellos que ofrecen nuevas ideas y nuevas alternativas. Critican a la clase política por la baja intensidad de la campaña pero no hacen nada para intensificarla. En lugar de preguntar y forzar a los candidatos a dar respuestas se limitan a repetir las consignas y las frases hechas que les llegan desde los gabinetes de prensa.

Termina otra campaña electoral.

Ni la clase política ni los medios de comunicación han querido que participemos en estas elecciones. Y como nosotros ya no estamos muy convencidos de que toda esta parafernalia sirva para algo pues seguramente la mayoría absoluta será para la abstención. Lo más justo sería que el número de parlamentarios fuese proporcional al número de votantes, pero como esto no es así 54 candidatos comenzarán las vacaciones estivales unas semanas antes que el resto de la ciudadanía.

Y los demás a ver el fútbol.

Los antisistema llegados del espacio exterior

 

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Escuchando los comentarios de los tertulianos radiofónicos sobre las declaraciones del director general de la Policia Nacional parece que los antisistema son extraterrestres. Ahora el problema es que hubo problemas de coordinación y que un gran número de manifestantes quería poco menos que matar a los antidisturbios. Y así no se puede. Los antidisturbios no pueden hacer bien su trabajo cuando en las manifestaciones se cuelan elementos dispuestos a armar jaleo y provocar disturbios.

La solución la aporta el propio Ignacio Cosidó. Cesamos a uno de los jefes de la policia y compramos cascos, escudos y chalecos. También habrá cambios legislativos para intentar que las manifestaciones sean más ordenadas y a poder ser que no se insulte tanto a los políticos y los miembros y cuerpos de seguridad, que ya está bien hombre, que todos tenemos nuestro corazoncito.

Y siguen considerando que somos ciudadanos sin capacidad de sacar conclusiones.

Folloneros y provocadores existen en todas partes, desde el aula de primaria hasta el centro de dia al que acuden los ancianos. Siempre hay personas que buscan romper con las normas para reafirmarse como persona individual o por una necesidad de sentirse líder de algo o simplemente porque va con su carácter. Pero lo normal es que el grupo no se deje llevar y acabe imponiéndose la voluntad de la mayoría.

Pero lo que pasa ahora es que son cada vez más los que están dispuestos a emplear la violencia, y lo peor es que cada vez son más los que están dispuestos a justificarla pensando que es la única manera de que nos escuchen. Y esto pasa por algo.

Me niego a creer que todos los antisistema son psicópatas a los que sus padres les enseñaban a tirar piedras y a quemar contenedores en lugar de hacer puzzles. Los antisistema a los que se juzga poco menos que de descerebrados embrutecidos sin ningún tipo de respeto por los demás son también los hijos del vecino que tiene el taller y de la vecina del cuarto que trabaja en el hospital. Son parte de esta sociedad, fueron a la escuela y habrá algunos que incluso lloraron cuando murió Chanquete.

Pero no veo que nadie se preocupe por saber qué es lo que falla cuando la ciudadanía tiene que recurrir a la violencia para protestar. Nos venden que quieren dignificar la política,que ya no van a aceptar regalos de nadie y que van a luchar contra la corrupción, pero casi nadie cree su discurso. Lo que falla es que ellos siguen hablando y hablando, pero no escuchan. O escuchan y dicen que toman nota pero pasan los meses y los años y no parece que vayan a cambiar demasiado las cosas.

Y los medios de comunicación repitiendo los mismos mensajes según sea a favor o en contra del gobierno. Hay alternativas, hay otras posibilidades, pero no estamos dispuestos a cambiar las cosas. El sistema funciona bien así, enriqueciendo a las élites que siempre han estado en el poder y creando la ilusión de que estamos en el mejor de los mundos posibles. Y nos van dando pinceladas de lo mal que están las cosas en otros lugares, de lo violentos que son los antisistema y de que al fin y al cabo esto no está tan mal.

Es verdad. Vivimos mejor que hace cien años, pero para conseguir los avances sociales casi siempre fue necesaria la violencia. Estoy convencido de que ahora existen muchas maneras de forzar los cambios, que los ciudadanos tenemos más poder del que nos parece y es necesario analizar el fenómeno de la violencia en las calles para poder comprender qué es lo que está pasando con nosotros mismos.

Y eso tendrá que hacerlo la ciudadanía ya que por lo visto los que nos gobiernan prefieren invertir sus tiempo y nuestro dinero en luchar contra los antisistema en lugar de prevenir los disturbios.

 

El precio del eucalipto.

Parece ser que los que compran madera quieren pagar menos por la madera de eucalipto. Después de años y años llenando los montes gallegos de eucalipto ahora descubren los que lo plantaban que no es tan rentable como pensaban y piden que se resuelva el problema.

El precio del eucalipto

El problema es que no existe problema. Simplemente son las leyes de este mercado que tan graciosamente nos gobierna. Si hay mucho de algo es normal que su precio baje, si algo es inusual o de calidad es normal que su precio suba. O si algo está de moda.

Como suele ocurrir en Galiza, los que antes se reían de tí cuando decías que era mejor plantar castaños o carballos en lugar de pinos o eucaliptos ahora descubren que no les salen las cuentas. La política forestal de la Xunta pretendió siempre beneficiar a las grandes empresas de la madera, no a los propietarios de los montes y mucho menos al medio ambiente. Salvo durante la época de Suárez Canal como conselleiro, nadie se preocupó de organizar los montes y el medio rural gallego. Y esto hay que apuntarlo, porque a los paisanos gallegos se les olvida que hubo una vez un plan serio para revitalizar el monte y el medio rural gallego. Ahora todo es publicidad para pagar los servicios prestados por los medios de comunicación, para ofrecer una versión de eficiencia y responsabilidad del actual presidente de la Xunta de Galicia. En realidad se dedican a lo de siempre, a fabricar votos.

Comienza a haber protestas porque las tres grandes fábricas de papel han pactado para reducir un 10% el precio de la tonelada de eucalipto y las acusan de prácticas monopolistas. Totalmente cierto y denunciable, pero si acabas produciendo solamente para una empresa te arriesgas a que esa empresa cambie las condiciones de los acuerdos cuando le venga en gana. Si en los últimos años los empresarios forestales se hubiesen preocupado por diversificar la producción y buscar nuevas formas de negocio tal vez no habría una dependencia absoluta de Ence o de Celvi. Pero al final la historia se repite. En los sectores productivos gallegos abunda el “sálvese quien pueda”. Cada uno busca el mayor beneficio inmediato, ya sea a la hora de vender la leche y las terneras gallegas o de contratar preferentes. Si sacamos veinte duros más que nuestro vecino pensamos que somos más listos y nos sentimos como en el anuncio de Loreal. Y al final son las grandes empresas las que manejan el cotarro y deciden qué cultivamos en nuestros campos y en nuestros montes y que debemos producir y qué no.

Carballeira

Y la historia se repite. Producimos y vendemos productos sin manufacturar porque no hay manera de unirse para elaborar productos de mayor valor. En lugar de vender la leche para que otros hagan los iogures deberíamos ser capaces de abastecer el mercado del estado español de iogures con auténtica leche gallega. En lugar de vender castañas tendríamos que ser capaces de convertirnos en los mayores proveedores de marron glacè para los italianos y los franceses. En cuanto a la madera tendríamos que volver a poner de moda los muebles de nogal o de roble, y dejar de comprar basura nórdica en el Ikea. Pero claro, nos resulta complicado ver el beneficio futuro cuando podemos obtener beneficios inmediatamente. Se trata de saber aplazar la recompensa, que es exactamente lo contrario al pan para hoy y hambre para mañana que durante años guió la política de subvenciones de la Xunta de Galicia. El problema es que el mañana ya está aquí, y trae hambre para casi todos.

Santificar las fiestas

Santificar las fiestas

Comprendo yo que las gentes de España quieran cumplir con lo establecido en el tercer mandamiento y santifiquen escrupulosamente las fiestas. Cristianos y devotos como son no extraña que todas las ciudades y pueblos tengan sus procesiones y sus fiestas y que desde no se que día haya santos y vírgenes paseando por las calles y un montón de hinchas aplaudiendo y guardando silencio, según corresponda.

Hay, sin embargo, cosas que me resultan bastante contradictorias, cuando no directamente hilarantes. Me parece un poco absurda la emoción que muestran algunos personas al ver pasar las imágenes, esos llantos, esos gritos de “guapa” o ese hablar de las vírgenes como si fuesen la niña mona del pueblo, esa que desde pequeña oye a todo el vecindario alabando su hermosura y al final se lo cree y quiere hacer carrera como modelo. Me parece ridículo todo el artificio y toda la parafernalia que rodea al alguna cofradías para sacar un trozo de madera a la calle. Y me parece un gasto excesivo adornar y adornarse de tal manera para la ocasión. Mejor harían los cristianos y cristianas invirtiendo esos dineros en el prójimo en lugar de en sí mismos, pero creo que ese es otro mandamiento y no conozco cual es la fiesta que lo celebra.

Pero lo realmente excesivo son las vacaciones. No me parece normal que gran parte de las vacaciones las establezca el calendario cristiano, pero sobre todo no me parece nada razonable que los centros escolares cierren más de una semana para celebrar la muerte y supuesta resurrección de un hombre del que pocos conocen su mensaje. Vale, el Viernes Santo siempre ha sido festivo y el Jueves pues también, ¿pero es necesario que no haya escuela durante diez o doce días?

¿Y de dónde sacan tantos días de vacaciones los españoles y españolas? ¿Acaso las empresas también cierran en Semana Santa? Nos sorprende que nos digan que no somos competitivos, pero sinceramente, ¿podemos ser competitivos con el ritmo de vacaciones que tenemos? Se acaban las vacaciones de Semana Santa, pero pronto comienza la Feria de Abril (que este año cae en mayo), y después de mayo habrá que comenzar a organizar las vacaciones de agosto, y en septiembre pensaremos en el puente del Pilar, el puente de la Constitución, la navidad…

Vamos de fiesta en fiesta y pretendemos que nuestro sistema educativo sea de calidad. Nos permitimos que la actividad docente se interrumpa una o dos semanas cada dos meses y que en verano sean tres meses de vacaciones y queremos que el alumnado obtenga mejores resultados en los informes internacionales sobre formación.

Al final nos encomendaremos al Señor, o la Virgen de la Cueva, para salir de la crisis y seguiremos viviendo como siempre lo hemos hecho, como gentes festivas y de carácter alegre más preocupadas por el traje de la primera comunión del niño que por si tendrán tiempo o no de ver todo el temario de cuarto de primaria. Saber no sabrán leer, pero bien lindos y lindas que irán en un día tan especial.

Fluidasa

 

Fluidasa

Contaba el otro día que durante el mes de marzo estuve enfermo Un catarro primaveral que va empeorando un poco cada día pero que no acaba de convertirse en gripe o de mejorar. Al final, cuando paso dos o tres días con fiebre, decido ir a la doctora.

Mi doctora siente una querencia especial por las gárgaras y por el ibuprofeno, pero esta vez la cosa es un poco más seria y para luchar contra la bronquitis que va haciéndose crónica decide recetarme un jarabe y un antibiótico.

Los antibióticos los encuentro en la segunda farmacia que visito, pero el Fluidasa no. Las farmacéuticas van cotándome que hace ya una semana que no les mandan el jarabe en cuestión, que no entienden lo que pasa y que van ya muchos clientes que solicitan ese jarabe y que al final optan por volver al médico a que les recete otro.

En la quinta farmacia que visito tienen un par de botes de Fluidasa y me explican que es normal que se agote. Es el único jarabe de este tipo que entra en el catálogo de medicamentos de nuestro querido Sergas.También me explica que últimamente les faltan los medicamentos más comunes y que son los que pide todo el mundo porque entran en el seguro.

Si fuese yo una persona malpensada pensaría que se trata de alguna maniobra de los laboratorios para vender los jarabes y los medicamentos que no entran en el seguro. También podría llegar a pensar que la Conselleira de Sanidade está interesada en que los productos farmacéuticos que tienen en su catálogo se agoten y que los ciudadanos decidan volver al médico a ver si les pueden recetar otra cosa, aunque no entren en el seguro.

 

Su graciosa majestad.

El Rey de España visita Marruecos acompañado de ministros, hombres de negocios y los siempre necesarios chicos de la prensa para que nos informen de los acuerdos alcanzados que como suele ocurrir en estos casos benefician a todo el mundo. O a casi todo el mundo.

El Rey de Marruecos, feliz y agradecido con la visita, y aliviado por el poco interés que muestra el Rey de España y los ministros por el conflicto saharaui decide agasajar a su amigo y haciendo uso de sus poderes reales le pide una lista de ciudadanos españoles que estén presos en Marruecos para concederles el indulto. La diplomacia actúa con tanta rapidez  que al final se les cuela un pederasta entre tanto indultado.

Y no digo yo que los indultos sean algo malo. Al contrario, molan bastante, sobre todo si estás en la cárcel por intentar traerte un poco de hierba de la risa en las alpargatas, pero lo que no me parece de este siglo es que un Rey pueda arbitrariamente decidir sobre las decisiones de los jueces de un país. Imaginemos, por ejemplo, que nuestro Rey se dedica a agradecer las visitas de los dirigentes de otros paises concediendo indultos a personas que han sido juzgadas y condenadas por tribunales de nuestro país. ¿Que pensarían las posibles víctimas de los delitos por los que esas personas han sido condenadas?

Es comprensible que el Rey se relacione con sus iguales, pero comienza a resultar un poco sospechoso que sus visitas “de negocio” sean a países de dudosa calidad democrática. Y ojo, no lo digo tanto por Marruecos como por otras monarquías en las que mandan los jeques y en las que nunca pasa nada. En Marruecos, por lo menos, se montaron manifestaciones y el pueblo se indignó y salió a la calle protestando contra las decisiones de su Rey. Aquí todavía hay mucha gente que le ríe las gracias a nuestro Rey y entre todos vamos permitiendo que una organización social proveniente del feudalismo se perpetúe.

 

Necesitamos una buena guerra.

Si si, ya se que a nadie le gusta ver a los inocentes niños llorando ensangrentados entre las ruinas de una ciudad. Nos resulta desagradable que el telediario de las tres abra con las imágenes de los famosos daños colaterales. Ya sabéis, cuerpos despanzurrados de civiles, mujeres perdiendo la cabeza y unos tipos explicando que las operaciones están siendo quirurgica pero es que los civiles tienen la costumbre de quedarse mirando cuando caen las bombas.

Si, no nos gusta ver en la tele estas cosas, y algunos incluso salimos a la calle a manifestarnos, pero occidente necesita una guerra ya. Desde el final de la segunda guerra mundial cada década tiene su gran guerra. Antes eran follones de los yankies, que ya sabemos que son algo beligerantes y mucho les gusta esto de las guerras y las armas. Lo que pasa es que esto de las guerras es un asunto muy lucrativo y Europa vió el negocio y se frota las manos cada vez que el Presidente de los Estados Unidos dice con el dedito no no no, que estáis usando las armas químicas que matan muy mal y de un modo muy feo.

La guerra es un negocio. Todos lo sabemos. Vemos en los medios como están buscando una excusa para volver a montarla. Hay elecciones en Irán y un Premio Nóbel de la Paz advierte que va a hacer la guerra. Israel tiene exceso de misiles y tiene que ir lanzando alguno. Europa, cansada de vender poquita cosa a paises africanos necesita apoyar ataques preventivos y verá con buenos ojos que se abra una zona de exclusión aérea a base de bombardeos. No olvidemos que Alemania aún no cobró los mil  millones de euros que le debe Grecia por los submarinos y que a Francia tampoco le pagaron los tres o cuatro mil millones por fragatas y helicópteros. Estos griegos ya sabéis como son, se lo gastan todo en armas que después no pueden pagar.

Hay que dar salida al excedente de armas para volver a activar la economía. Hay que probar los nuevos inventos, desarrollar nuevas armas. El Premio Nóbel de la Paz tiene que convencer a un montón de americanos de que él no es tam blando como lo pintan y que no va a ser el único presidente que no inicie al menos una guerra en su mandato. Las misiones secretas en medio de la noche no cuentan como guerra, al fin y al cabo se gasta muy poco armamento y no suelen salir en los medios de comunicación.  Es necesario una intervención militar “justificada” para poder exhibir aviones, carros de combate, misiles… Esas cosas las ve todo el mundo en las noticias y siempre hay un dictador con mucha pasta dispuesto a hacer una buena compra o un jeque forrado al que le aburre un poco eso de la Fórmula 1 y decide comprar una docena de helicópteros. Antes los americanos rodaban Rambo, ahora ruedan invasiones y apoyos logísticos a insurgencias, que sale más barato y quedas como el primo de zumosol.

Bueno, lo que quiero decir es que a nuestra economía le vendrá muy bien una guerra. Apoyaremos a nuestros socios, pondremos algún barco a navegar y seguramente podamos firmar algún contrato para hacer algún barco o vender algunos carros de combate. Al fin y al cabo, el Ministro de Defensa estaba en el negocio de las armas y sabe muy bien a quien beneficiar. Solamente hay que mirar los presupuestos de su ministerio. Y no debemos olvidar que últimamente estamos especializados en fabricar y vender equipos antidisturbios a Venezuela o Marruecos. Ya sabéis que el mayor peligro para estos países son los disturbios y algarabías que organiza el pueblo venezolano cada vez que su selección gana un partido o el pueblo saharaui cada vez que les da por pedir que se cumplan los acuerdos de hace cuarenta años en la ONU.

En fin, que una buena guerra podría incluso crear algún puesto de trabajo para nuestros investigadores y para esos jóvenes que tienen que buscarse el futuro en otros lugares, y seguramente activará un poco la venta de periódicos. Por no hablar de los beneficios que podrán obtener nuestros bancos prestando dinerillo a unos y a otros para que compren. Después, cuando lleguen al gobierno, ya irán pagando. Una guerra es buena, siempre que sea en lejanas montañas y a poder ser contra gentes de otra religión y otra cultura. Todos sabemos que la guerra entre cristianos blancos está muy mal vista.

 

 

¡Endéudense!

 

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Hagan la prueba. Habrán hoy mismo algún periódico de tirada nacional y verán que la mayor parte de los anuncios son de los bancos y del Gobierno de España. Estos días el famoso FROB nos está bombardeando con su campaña que más bien parece una tomadura de pelo. Nos dicen que entre todos hemos saneado a la banca y que es hora de que obtengamos nuestra recompensa. Endéudense ustedes, nos están diciendo, que al fin y al cabo el dinero es suyo.

Olvidan que muchos de nosotros no estamos, ni estuvimos, de acuerdo en que les dieran dinero público a los banqueros para sanear sus cuentas. Si se equivocaron, como los de FMI, que asuman sus responsabilidades y que paguen con su patrimonio. O que les exijan a los equipos de futbol que devuelvan los préstamos concedidos para fichar a jugadores de renombre. O a los partidos políticos.  O a las grandes constructoras. O a las Diputaciones Provinciales.

La banca necesitaba dinero para sanearse, para solucionar los problemas derivados de su incompentencia y comenzaron a exprimirnos. Y ahora pretenden que nos pongamos en pie y aplaudamos, que gritemos enchidos de orgullo eso de Yo soy español, español español mientras canturreamos, con nuestro gran nivel de inglés, el We are the champions de Queen.  Primero nos vapulean duro, nos siguen pegando abajo y aún encima tenemos que soportar su publicidad en los medios de comunciación.

Lo triste es que esa publicidad la pagamos nosotros. Ya sea la campaña del gobierno de España o la del ese banco tan serio en la que un cocinero nos explicaba como ser un hombre de provecho,  lo pagamos con nuestro dinero.  Si alguno se preguntaba qué iban a hacer los bancos con el dinero del rescate ya lo sabemos: anuncios.  Y con tanto anuncio tal vez se entiende que los grandes medios de comunicación se metan tan poco con los banqueros y tanto con los políticos. Que si, que los políticos son responsables, pero mientras todos celebramos los discursos huecos de los nuestros y criticamos las mentiras de los otros; mientras nos cebamos  con la parálisis del Presidente o de la oposición; mientras ponemos cara de sorpresa y de asco con las noticias sobre lo mucho que robaron unos pocos; mientras tanto los medios de comunicación sobreviven gracias a los anuncios de los bancos y claro, tampoco está bien que en una página el banco azul te diga que quiere ser tu banco y en la siguiente veas la foto de la chica que abandona su piso con un bebé de tres meses en brazos. La foto la ves, es cierto, pero a ver quien va y pone que fulanito de tal, directivo del banco azul, firma la carta en la que le dice a María de la Encarnación que tiene que abandonar su casa ya.

En fin, que lo que quiero decir es que tanta publicidad ya cansa. Los tiempos están mal, sobre todo para los medios de comunicación, pero esos grandes anuncios a toda página del tal o cual banco hacen que desconfiemos de su imparcialidad a la hora de tratar las noticias sobre tal o cual banco. Es muy bonito y muy enternecedor ver al Sr. Botín con Fernando Alonso, tan campechano él y tan del pueblo, pero en realidad forma parte de una élite que nos está machacando, que nos quitan hasta el aliento y que aún encima nos bombardean con anuncios sobre las ganas que tienen de meterse en nuestra vida.

Y aún encima el mensaje que nos envían es totalmente incomprensible. Durante años nos han culpado a nosotros de vivir por encima de nuestras posibilidades y de gastar más de lo que teníamos. Y ahora, de golpe y porrazo, nos dicen que ya es hora de abrir el crédito y que tenemos que animarnos, que nuestros amigos banqueros están deseosos de ser ayudarnos porque creen en nosotros. Lástima que no crean en María de la Encarnación.

 

 

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