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La actitud infantil del FMI.

La_deuda_con_los_funcionarios

Como si de un Borbón se tratase los del FMI reconocen que se equivocaron al imponer unas medidas tan drásticas a la economía griega, que tanto despido de empleados públicos y tanta rebaja de pensiones y de salarios no era una medida muy acertada, que tal vez no se debían reducir los presupuestos de sanidad o de educación, que se les fue un poco la mano, vamos.

Parece ser que se dieron cuenta de que las cosas están peor tres años después de comenzar a aplicar las reformas de los economistas y técnicos del FMI y del Banco Central Europeo. En el 2010 no sabían que de donde no hay no se puede sacar. Ahora lo saben y deciden que tienen que ir sacando poco a poco, que hay que seguir machacando a la sociedad, pero con calma, sin prisas.

Lo lamentable es que la historia se repite. En los años 80 el FMI y el Banco Mundial se dedicaron a hundir las economías de latinoamerica imponiéndoles unha deuda externa que todavía siguen pagando.  En los años 90 se centraron en aquellos países que pertenecían a la antigua Unión Soviética y durante la primera década del siglo XXI había que luchar contra el terrorismo y los grandes poderes financieros invertían en guerra y muerte.

Ahora le toca a Europa. En los últimos tres años mucha gente ganó mucho dinero invertiendo en la deuda española, en la Italiana, en la Griega. Lo disfrazan de austeridad, de reorganización del gasto y saneamiento de cuentas… Idearon grandes planes de rescate que ahora resultan fallidos, o eso quieren hacernos creer.

A mi me parece que actuan como los niños cuando están probando cuales son los límites.  Con el dedito van moviendo la taza del café, que te va a caer, le dices, y ellos a mover, y tú a decir que se va a quemar, y él a mover hasta que la taza se cae y rompe. Ponen cara de sorpresa y te dicen tan ricamente que fue sin querer.

Lo malo es que aquí están probando con nosotros,  apretando cada vez un poco más y cuando ven que ya no pueden sacar más dicen que se han equivocado, que habrá que tomar otras medidas.  Pero como si de niños se tratase no se responsabilizan de nada, no asumen sus fallos y sobre todo no se cuestionan si no habrá que cambiarlos a ellos.

Está muy bien esto de reconocer los fallos, pero tal vez haya entre ellos algunos que no están preparados para su trabajo. Tendrán que saber quienes han fallado y despedirlos por incapacidad manifiesta. Después de tantos años parece claro que no son buenos profesionales, será necesario poner a otros. O tal vez suprimir tantos  organismos que hasta ahora no parece que hayan hecho nada bien. Ni supieron prever la supuesta crisis financiera ni saben ahora encontar soluciones.

Las preocupaciones del Ministro.

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El Ministro Gallardón está enormemente preocupado por los fetos. Seguramente no duerme por las noches pensando que alguna semillita pueda malograrse y tendrá pesadillas pensando en esas malvadas mujeres deseosas de abortar. Está tan preocupado que decide cambiar una ley que solamente molestaba a los cristianos extremistas y provoca debate social y cabreo en donde no lo había.

Si tanto le preocupa la seguridad de los fetos, que comience, por ejemplo, por legislar para que ningún ministro pueda reducir el gasto en sanidad ni recortar los sueldos del personal sanitario. Nada mejor que unos servicios sanitarios de calidad para que los embarazos puedan desarrollarse sin contratiempos inesperados. Lo mismo es aplicable a los gastos en discapacidad, integración social, guarderías, comedores, libros, universidad… El ministro debe saber, porque es un tipo listo, que a la hora de decidir tener o tener un hijo o una hija hay muchos factores a tener en cuenta, y no solamente el religioso.

Pero lo que resulta realmente ofensivo es que se debata una y otra vez sobre el tema del aborto, sobre si las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo, y no se debata sobre si los hombres tienen derecho a decidir sobre la vida las mujeres. Si si, ya se que todos condenamos la violencia doméstica, que no entendemos como se puede matar de esa manera a la madre de tus hijos, que parece mentira que podamos llegar a esto, que si pena de muerte al que mata para que sepa que no se puede matar… Pero no veo yo a los obispos, por ejemplo, organizando manifestaciones contra la violencia machista. No escucho al Ministro Gallardón hablando de nuevas leyes para evitar el maltrato o la reincidencia. No veo yo que se tomen medidas para que ninguna mujer que quiera ser feliz tenga que verse obligada a soportar la presencia de su maltratador. Y sin embargo si se toman para que una mujer pueda ser infeliz a pesar de poder evitarlo.

Parece claro que este gobierno está legislando a lo loco y provocando a distintos sectores de la sociedad para disimular su incapacidad para mejorar la economía y la vida de los ciudadanos. Después de casi diez años escuchando a Rajoy decir que el sabía lo que había que hacer y que haría lo que sabía que tenía que hacer resulta que nada de nada, que comienzan a solucionar problemas que no existían cambiando leyes que no perjudicaban a nadie y no se deciden a adoptar medidas para evitar las verdaderas tragedias que nos rodean.

Y no quiero decir que un aborto sea algo si importancia. Al contrario, es la decisión más dura y traumática que pueda tomar una mujer. Pero creo que las cosas estaban bien como estaban, que la legislación anterior funcionaba correctamente y antes de ocupar su tiempo en este debate, el Ministro Gallardon y los diputados y diputadas deberían buscar soluciones a la violencia machista que cada pocos días se lleva por delante a una mujer sin que la sociedad parezca reaccionar ante esta podredumbre que nos rodea.

La fragmentación del conocimiento.

La fragmentación del conocimiento

Vivimos en un presente fragmentado.

Los pensadores y filósofos medievales solían decir que no eran más que enanos a hombros de gigantes para referirse al conocimiento que habían acumulado las generaciones precedentes y que les permitía a ellos comprender el mundo de una manera más completa y profunda. Esto lo leí en El nombre de la rosa, y aunque puede no ser cierto no cabe duda de que es verdad, o por lo menos no todo es mentira, que diría nuestro querido y siempre incomprendido Presidente del Gobierno.

El asunto es que en la edad media los hombres que sabían sabían mucho, y muchos de ellos lo sabían todo sobre casi todo. Después llegó el renacimiento y la ilustración, y a medida que el conocimiento sobre las cosas iba ampliándose se hizo necesario ir estableciendo categorías. Los humanistas fueron dejando paso a los especialistas y los hombres sabios comenzaron a serlo por materias. El eminente matemático podía no saber demasiado sobre biología y el ingeniero puede desconocer totalmente la historia de Europa. Salvo que seas arquitecto, claro, que saben de todo y al final se dedican a diseñar sillas.

Pero como si esto no fuese suficiente cada rama del conocimiento comenzó a dividirse. Así, por ejemplo, la economía comenzó a ser macro, micro, de empresas, de poblaciones, de futuros… y no nos sorprende hablar de físicia cuántica, de fluídos, de cuerpos celestes. Se trataba, más que nada, de poder organizar cursos de verano, terceros ciclos y másteres para irse especializando y tener temas nuevos sobre los que elaborar las tesis.

Y ahora estamos como estamos. En cualquier bar te puedes encontrar un licenciado en filología hispánica que desconozca todo sobre la literatura medieval porque según él se especializó en la influencia de la literatura francesa en el periodo de entreguerras. O que decir de esa ingeniera de caminos que no puede explicarte muy bien para qué sirven las aceras dentro de los túneles porque ella es especialista en los puentes sobre aguas turbulentas.

Al final sabemos mucho sobre cosas tan concretas que nuestro conocimiento se reduce a los apuntes de ese curso de verano en el que nos matriculamos hace dos años y al que solamente asistimos dos mañanas. Eso si, al rellenar los datos de nuestra formación queda muy bien esa lista de cursos con nombres extraños que demuestran que tenemos conocimientos específicos sobre cosas diversas, pero que cada vez tenemos más dificultades para formarnos una idea del mundo en su conjunto.

El día B y el día O.

La B y la O

 

Hoy es el día B. Bárcenas declara por la mañana y Baltar lo hace por la tarde. De ninguno de los dos esperamos nada nuevo, aunque sin duda será Baltar el más dicharachero. Como no enternecernos con esa forma de ser tan sencilla, tan de pueblo. Como buen cacique siempre mira por favorecer a sus gentes, siempre que sus gentes pasen por la urna en cada elección y voten a los chicos del PP.

 
Esto siempre fue así, las denuncias por enchufismo y otros chanchullos no son de ahora, aunque solamente ahora aparezcan en la prensa nacional. Cacharro Pardo, Baltar, el fallecido Cuiña formaban parte de aquellos grandes hombres que tantas alegrías le dieron a Fraga y tantos votos al PP. Y que tanto trabajo tendrían que haber dado a los juzgados de no ser porque los juzgados se dedicaron a dejar morir de asco las denuncias de sindicatos, de opositores y de cualquiera que osase cuestionarse las formas administrar la cosa pública que tenían estos políticos.

 
Durante años corretearon por toda Galicia pensando que las diputaciones, los ayuntamientos y el país entero era suyo. Y esos jueces que ahora se ponen divinos de la muerte miraban para otro lado. Y esos medios de comunicación que ahora hablan de los enchufados de Baltar cubrían los mítines y los grandes saraos de Don Manuel sin atreverse a preguntar de dónde salía la pasta para tanto vino español y para tanta gaita.

 
Y hoy nos escandalizamos al saber que se repartían la pasta o que enchufaban a la hija de tal o de cual. Pero cuando todo era una fiesta no nos preocupaba lo más mínimo quien pagaba mientras a nuestro pueblo viniese la orquesta más cara y nos hiciesen la piscina un poco más grande que la del pueblo de al lado. Total, es gratis, pensarían algunos.

 
Hoy fue el día B. Pero lo peor de todo es que dentro de unas semanas o de unos meses será el día O de Olvido.

Lo instantáneo.

Almejas en salsa verde

Vivimos en la inmediatez. Internet y las redes sociales han conseguido que las noticias alcancen una gran repercusión en apenas unas horas. Lo que sucede ahora en cualquier lugar puede ser conocido por millones de personas si se difunde a través de los canales adecuados. Recibimos a diario inumerables noticias que dentro de unos días serán historia. Apenas tenemos tiempo para asimilar las noticias de la mañana cuando nos bombardean con novedades de última hora. Al día siguiente nos despertaremos ávidos de nuevas informaciones y tendremos la impresión de que lo de ayer ya no tiene importancia.

Vivimos más que nunca en lo instantáneo. No solamente queremos saber lo que ocurre en este mismo momento, sino que el interés en los acontecimientos nos dura un segundo y rápidamente pasamos a lo siguiente. Recibimos las noticias del mismo modo que nos alimentamos, de forma rápida y sin tener que esforzarnos demasiado en cocinar. Del mismo modo que acudimos a los supermercados para comprar comida precocinada que en tres minutos pase del envase al plato, así acudimos a los medios de comunicación para tener una información tan masticada que no tengamos que hacer nada más que indignarnos. Algo rapidito, leer, entrar en cólera, comentar que todos son unos ladrones y esto y lo otro y apenas utilizar las neuronas para nada más. Lo que ahora llamamos información alimenta poco y crea adicción, como los productos de esa famosa cadena de hamburguesas en la que engordamos a nuestros retoños. Por eso necesitamos enseguida una novedad de tal o cual caso o una información de última hora, algo instantáneo, de fácil comprensión y de lo que podamos dar una opinión rápida y tajante sin tener que reflexionar demasiado.

Nos estamos acostumbrando a que cada día nos hablen de un recorte, de un ladrón, de una guerra, de una mujer muerta y que las noticias apenas pasen de un titular que llama nuestra atención y de un contenido que comienza a ser demasiado repetitivo. El recorte para que los dueños dinero salgan adelante, el ladrón que se  llevó lo nuestro porque era amigo de los que mandan y ahora es el dueño del dinero, la guerra porque los que mandan y los dueños del dinero quieren seguir mandando y ganando dinero con el negocio de las armas, de la prostitución, de los tiritos del sábado, de los recursos naturales y de la pobreza y la ignorancia en masa. Y la mujer muerta… La mujer muerta porque seguimos viviendo en una sociedad machista y cobarde que berrea en las tabernas pidiendo mano dura contra todo el mundo pero que cada mañana saluda al vecino del segundo después de haber escuchado los golpes e insultos de cada noche.

Pero hablada de la inmediatez que nos está obligando a ver la vida y el mundo a través de nuestros teléfonos celulares. Para que algo sea noticia es necesario que en las redes sociales tenga tropecientas visitas, sin importar que la información sea correcta o que la fuente sea fiable. Cualquiera puede colgar una fotografía o escribir un texto de veinte palabras y desencadenar una avalancha que en un par de horas recorra el mundo. Pero casi con la misma rapidez ese mensaje deja de ser noticia y aparece otra fotografía impactante o otro acontecimiento que requiere inmediatemente nuestra atención y que en poco tiempo dejará paso a otra y a otra…

Estamos perdiendo la capacidad de análisis y de reflexión. Dentro de poco solamente podremos comprender titulares de unas pocas palabras y seremos incapaces de discernir lo que es realmente importante y lo que nos afecta de la frivolidad y banalidad propias de una sociedad despreocupada y sin más inquietudes que averiguar cada día lo que hacen sus iguales. Preferiremos comer una pizza ultracongelada y recalentada en ocho minutos antes que invertir nuestro tiempo elaborando unas deliciosas almejas en salsa verde.

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Lo que esconde la boina.

La boina de Baltar

En estos tiempos de imputaciones y presuntas corruptelas no podía faltar el bueno de Baltar (padre), aquel que en su día cantaba por las calles de Ourense, a ritmo de comparsa, aquella gracieta sobre los votantes del PP, o del PSOE, según se mire.  Puede que sea un personaje nuevo para algunos, pero los que sufrimos los gobiernos de Fraga sabemos muy bien como funcionaba la administración clientelar de las diputaciones, ayuntamientos y Xunta de Galicia. Y ojo, digo los que sufrimos porque otros se beneficiaron, y se benefician todavía, de todo un entramado de favores e influencias que van desde el enchufe para que el hijo de fulanito apruebe unas oposiciones hasta el contrato de la empresa del sobrino del hombre fuerte del partido para cambiar los teclados de los ordenadores de los funcionarios de la Xunta.

Pero estamos con Baltar, el presidente de la Diputación de Ourense que abdicó a favor de su hijo sin que nadie en el PP se atreviese a pararle los pies. Ni el Sr. Rajoy ni el Sr. Núñez se atrevieron a meterse en el feudo de Baltar. Una cosa era hablar de boinas y birretes para referirse a las dos corrientes del PP gallego y otra muy distinta cuestionar los métodos de obtención de votos del campechano José Luís. Daba no se qué ver al impóluto Alberto, que  colgaba el cartel de no hay entradas en sus mítines por el territorio español vendiendo una imagen de buen gestor y persona honesta,  mirar para otro lado ante los discursos y los hechos del personaje. Supongo que no interesaría electoralmente iniciar una reforma que podría traer divisiones internas, o no había tiempo para estas nimiedades, o simplemente no hubo valor para enfrentarse al político del pueblo.

Porque no nos engañemos, quien más y quien menos sabíamos como funcionaban las cosas en las diputaciones. Las noticias salían en los periodicos y en las radios oíamos a Baltar definirse como cacique o justificar los puestos de trabajo creados para sus familiares y conocidos, y aquí no pasaba nada. ¿Acaso no pudimos ver en las fotos de la toma de posesión de José Manuel Baltar a medio gobierno de la Xunta de Galicia, con el futuro presidente, Rueda,  a la cabeza? ¿Qué dirán ahora? ¿Que pasaban por allí? ¿Qué solo iban a la fiesta?

En realidad da igual lo que digan. A preguntas de los periodistas al simpático Baltar no se le ocurre otra cosa que decir entre carcajadas que en realidad él ya está inhabilitado para la política, que hace meses que lo dejó. Y más guasa tiene que su hijo, el actual Presidente de la Diputación, diga que pondrá todo su empeño para aclarar las dudas que tenga la fiscalía sobre la contratación irregular de personal, sobre todo teniendo en cuenta que buena parte de esas contrataciones fueron el precio que el padre tuvo que pagar para que el hijo fuese elegido en lugar del candidato oficial del presidente Feijoo.

A pan y agua.

Estamos acostumbrándonos a que los representantes de la ciudadanía y los grandes mandatarios se reunan durante días para buscar soluciones y que al final concluyan diciendo que “hemos conseguido acercar posturas” o ” estamos allanando el camino para llegar a acuerdos”.

Ocurrió hace unas semanas entre el PP y el PSOE con referencia a los desahucios y ocurre estos días con la reunión de los mandatarios europeos sobre el futuro del euro, de europa y de los europeos, supongo. Pero ocurre también en las reuniones de la ONU cuando quieren solucionar el tema del comercio de armas o en las reuniones de UNICEF cuando analizan la situación de los niños en situaciones de conflicto. Pasan los días, hablan unos, hablan otros y al final dicen que se aportaron grandes ideas que deben ser analizadas en sucesivas reuniones.

Da la sensación que cuando todo el mundo dice estar de acuerdo en que son necesarias soluciones más difícil es llegar a acuerdos. Por eso una solución sería hacer como hizo aquel emperador para que el cónclave de Cardenales eligiese de una vez un Papa. Diariamente reducía la cantidad de alimentos que les proporcionaba y acostumbrados como estaban a comer bien llegaron a un acuerdo antes de que el gallo cantase tres veces.

Creo que si las grandes reuniones de los mandatarios europeos se celebrasen en un camping, y si su dieta fuese solamente de pan y agua conseguirían estar más centrados y llegar a acuerdos beneficiosos para todos nosotros. Además, su salud se vería mejorada no solamente por la pérdida de grasas y de colesterol malo, sino también porque la vida al aire libre nos purifica. Mens sana in corpore sano, decían aquellos tipos que unificaron europa, y tal vez sea necesario recurrir a los clásicos para que Europa consiga llegar a acuerdos. Ya que ellos insisten en darnos pan y circo, démosles pan y agua para que aclaren las ideas y encuentren soluciones de una vez.

 

Expulsados de nuestra cuna de oro.

Nacimos en una cuna de oro y pensamos que duraría para siempre. Veíamos el mundo desde las alturas, hombre fuertes y dignos sometidos a indignas dictaduras; inocentes niños muriéndose de hambre; muchachas violadas en las fronteras o esclavizadas para que repugnantes hombres con dinero se sacien de sexo; pueblos enteros despojados de sus tierras para mayor gloria de la industria del petróleo…Nada nos alcanzaba, nada iba con nosotros.

Algunos deciamos que esto no podía durar, que para que el mundo mejorase deberíamos cambiar el sistema, reducir nuestro consumo desmesurado de energía y de banalidades. Debimos cambiar el mundo y las relaciones de mercado que nos gobiernan, pero estábamos muy ocupados haciendo colas para comprar el último modelo de teléfono móvil o planeando el viaje a esos países tan bonitos pero tan mal gobernados, para ver el paisaje desde la reja de un hotel.

Te miraban extraño, eras el aguafiestas, el pesado de las ONG’s, el radical, el raro. Te decían que querías cambiar el mundo, y que eso era imposible, y ahora resulta que es el mundo el que nos apea de nuestro caballito para subir a otros países a los que llamamos emergentes. Nosotros éramos occidente, y por historia y tradición tendríamos que haber contruido un mundo más justo y equilibrado, pero miramos para otro lado y cuando quisimos volver a la realidad todo había cambiado.

Ebrios de consumo y de soberbia no quisimos renunciar a nada para cambiar la vida de los desfavorecidos y repartir la riqueza que al fin y al cabo es de todos. Pensábamos que siempre habrá pobres y desigualdad sin pararnos a pensar que alguna vez podríamos ser nosotros los pobres y necesitados. Había en nosotros un no se qué de resignación con la desgracia de los demás, un fatalismo que nos impedía ver lo injusto que era nuestro bienestar, cimentado en el expolio de riquezas lejanas y condenando a otros a un círculo de miseria del que no podrían salir porque el mundo es así, justificábamos.  Y como la historia es caprichosa, ahora tendremos que mendigar migajas de inversión y ser agradecidos con aquellos a los que antes ayudábamos caritativamente desde nuestro pedestal del primer mundo desarrollado.

Los derechos atrofiados.

Escucho en la radio a una mujer que dice que los derechos que no se ejercen terminan por perderse. Es una ley natural de la que ya hablaba Lamarck, el uso hace que el órgano se fortalezca mientras que el desuso provoca que se atrofie y termine desapareciendo. Estamos en una época de atrofia social. Intentan convencernos de que no sirve de nada manifestarnos o ejercer nuestro derecho a la huelga, igual que intentan hacernos creer que todos los políticos son iguales y todos los sindicalistas unos vagos que viven de los demás.

Cada uno es muy libre de hacer lo que mejor le parezca y nadie tiene que justificar si va o no va a una huelga, pero argumentos como que todos son iguales, que hay que trabajar para sacar al país de la crisis o que por mucho que protestemos no van a cambiar las cosas no me parecen convincentes. Una manifestación sirve para saber que hay otras personas que piensan más o menos como nosotros y para hacer visible un descontento, unas ganas de que cambien las cosas. Está claro que no soluciona las cosas, pero sirve para demostrar que hay otras maneras de expresarse en democracia.

Como los tiempos están cambiando, habrá que cambiar también las maneras de participación ciudadana, pero mientras tanto no debemos olvidarnos de los derechos sociales que tanto han costado. De lo contrario corremos el riesgo de que se nos atrofien y que al final solamente salgamos a la calle para ver escaparates. Queremos cambios y queremos mejoras, pero para conseguirlo hay que participar ahora y no dejarse llevar por el desánimo o por la pereza. Muchas cosas van a cambiar en los próximos años  pero si seguimos cuestionando las herramientas de cambio de las que disponemos en el presente difícilmente podremos crear otras nuevas. Tal vez el derecho a la huelga o el sistema electoral actual están algo desfasados, pero para perfeccionarlos es necesario ejercerlos una y otra vez, de lo contrario podemos despertar un día y pensar que todo ha sido un sueño.

¿Qué más pruebas necesitáis?

Cansado de tener que repetir veinte veces lo mismo el mismo Jesús llegó a cansarse de sus apóstoles y les espetó aquello de que él era el camino y la verdad y la vía para llegar a Dios. Sus seguidores, que eran algo cortos, aún necesitaban más y más pruebas y el bueno de Jesús tuvo que resucitar y aparecerse para que Pedro dejase de negar o para que Tomás metiese los deditos en la herida. Al final creyeron, creo, y los que no creyeron vieron el negocio y crearon el cristianismo.

Tal vez toda la historia esta de la fe y las creencias viene a demostrar que el ser humano necesita algo más que ver para creer. Necesita experimentar y sufrir las consecuencias para comprobar que la causa y el efecto están relacionados. Y tal vez esa sera la razón por la que a pesar de que un día tras otro conocemos historias de banqueros y cuñados que se enriquecen mientras madres de familia sin ingresoso tienen que dejar su hogar y seguir pagando la hipoteca; a pesar de que los medios de comunicación nos hablan de cierres de hospitales y de colegios sin calefacción; a pesar de que la mayoría decimos que somos más pobres y que estamos preocupados por el futuro de nuestros hijos pues nos seguimos comportando como si la cosa no fuese con nosotros.

Tal vez necesitamos que esta derecha que nos gobierna, tan afín a las grandes empresas y a los obispos, nos diga claramente que lo que pretenden es crear un abismo entre  los suyos y el resto de la sociedad. Tal vez necesitamos que exista un programa electoral de más de doscientas páginas en la que nos expliquen que lo que se espera de la mayoría es que aporten a la gran España y parte de Europa mano de obra barata para que una pequeña élite siga ostentando el poder. Porque no nos engañemos, aquí mandan los de siempre y por sus hechos los conoceréis.

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