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Muertes de verano

7 agosto 2015

Ya está aquí agosto y como cada año las muertes estivales. Y no hablo de los accidentes de tráfico ni de los innombrables suicidios que han subido más de un 20% en España en los últimos años. Estoy hablando de las muertes de emigrantes en el mar.

Sin liga de fútbol y con los políticos de vacaciones hay espacio suficiente en los periódicos y en los informativos para hablar de la crisis migratoria que nos afecta. Porque de los millones de desplazados que existen en el mundo hablamos poco o nada, del mismo modo que pasamos de puntillas sobre las muertes de niños de hambre o por minas antipersona (si amigos, aún existen minas antipersona por el mundo) o evitamos sacar el tema de la ablación de niñas (cosas culturales) o de los niños soldado o las niñas prostituidas para entretenimiento de los grupos armados que a veces nos ayudan en la lucha contra el terrorismo.

Hay muertes y muertes, está claro. Y si prestamos tanta atención mediática y abrimos informativos y boletines radiofónicos con las tragedias en el Mediterráneo es porque se vienen a morir en nuestras playas. No escuchamos cuando nos hablan sobre las condiciones de vida de sus paises de origen o sobre las dictaduras que sufren. No nos interesa lo más mínimo ese rollo del coltán, del oro o de los diamantes. Preferimos pensar que son los malvados radicales religiosos los que hacen que la vida sea insufrible en aquellos lugares y de este modo no nos planteamos si nuestro modo de vida será sostenible.  Nos gusta sentirnos alejados de la miseria y la destrucción que la forma de vida que nos imponen y que aceptamos está provocando.

Y cansados de esperar miles y miles de personas deciden buscar un futuro mejor para ellos y para los suyos. Y claro que vienen a europa y a occidente, a donde van a ir? Pretendemos que nuestra sociedad es la mejor sociedad posible, que este sistema de consumo y democracia es lo más adecuado pero nos sorprende que haya personas desesperadas que quieran participar de la fiesta. Y como cada año nos apenamos y pensamos en lo desesperados que están, pero no sabemos o no queremos exigir a los gobernantes que trabajen para cambiar las cosas. Ellos ya están bastante ocupados en sus cosas políticas y nosotros estamos disfrutando de unas merecidas vacaciones y al llegar setiembre de nuevo a la rutina laboral (el que tenga trabajo al que regresar) y al ajetreo escolar.

Los muertos del verano serán frías estadísticas que ya no nos conmoverán. Al fin y al cabo no son nuestros hijos ni nuestros padres, no son las hijas del vecino a las que vimos crecer ni son los compañeros de clase de nuestros niños. En realidad son simplemente la prueba de una realidad mundial injusta y que no parece que vaya a ser posible cambiar mientras no cambiemos nuestras preferencias y nuestro modo de entender la vida.

From → Aquí y ahora.

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