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Radio basura

Todo es basura.

Bueno, casi todo es basura en las televisiones nacionales. Desde los programas en los que practican la explotación infantil hasta las novedosas tertulias políticas en las que se dedican a una especie de ping-pong dialectico, pasando por el magazín matinal empeñado en que cuidemos nuestro colesterol o el desenfadado programa de humor que de tanto repetir lo mismo ya resulta cansino.

Casi todo es basura en televisión, es cierto, pero ¿qué me dicen de la radio?

Ya no hablo de las tertulias políticas que tocan única y exclusivamente los temas que los diferentes gabinetes de prensa de los gobiernos quieren que se traten. Actualmente la información y la opinión radiofónica están al servicio de los partidos políticos. Sea para promocionar la acción del gobierno de turno o para criticarla, en muy pocas ocasiones se salen del guión establecido. Si toca hablar del paro se habla del paro, si conviene más tratar el tema de la inmigración pues a prepararse el tema y ya está. Escuchamos las mismas opiniones y a veces incluso las mismas frases una y otra vez y al final no queda espacio para el pensamiento propio.

Pero la radio es, o debería ser, mucho más. Escucho como cada verano los mismos programas de entretenimiento que no aportan nada. Se supone que el verano es el momento en el que los que están empezando deberían demostrar su valía, que debería haber nuevas ideas y aires frescos y sin embargo tenemos que soportar las mismas encuestas estúpidas sobre temas tan variopintos como lo que las chicas buscan en los chicos y viceversa; sobre lo que hacemos antes de irnos a dormir o sobre cada cuantos días cambiamos las toallas del baño.

La Radio es comunicación, narración pura, incluso imaginación. Pero los profesionales del medio están perdidos entre las nuevas tecnologías y la publicidad de las grandes empresas disfrazada de responsabilidad social. Casi no puedes escuchar un programa radiofónico sin que te hablen de lo más visto en televisión, (ese programa de televisión que demuestra que a los telespectadores les gusta la caca para desconectar y relajarse después de un día duro), sin que hagan referencia a lo que se mueve en las redes sociales o sin que lean las noticias de los periódicos del día como si fuesen palabra de dios.

Todo es antiguo en la radio, comenzando por los profesionales que van cambiando de empresa como si de fichajes de futbolistas se tratase. Ya no tienen nada que aportar, simplemente su nombre y la capacidad para generar polémicas en las redes. Si, estoy hablando de ese y de aquel, tránsfugas de los medios que parecen hacer todo lo posible para salvarse de la quema, igual que los políticos que cambian de partido para conservar su puesto en el gran reparto de la tarta de la representación de la soberanía del pueblo.

Da rabia pensar que habrá un montón de universitarias recién salidas de las facultades y con muchas ganas de hacer cosas novedosas, con ideas para hacer buena radio pero que no encuentran su hueco porque las empresas del sector prefieren apostar por los grandes nombres del medio en lugar de permitir que las nuevas generaciones se abran paso.

Cuando regresé, la mediocridad todavía estaba aquí.

Cuando regresé, la mediocridad todavía estaba aquí.

Perdonen que me ponga en plan Monterroso, pero después de muchos meses negándome a estar informado sobre lo que pasa por el pueblo descubro que nada ha cambiado. Los políticos se dedican a hablar de sus cosas y las gentes a ver estúpidos programas de televisión o a llenar los bares para ver el fútbol.

El mundo se nos ha escapado. Por delante y por detrás, por arriba y por abajo.

Hay una parte del mundo que está en otra era, que está metida en la nanotecnología, en la robótica, en la creación de nuevos compuestos que nos permitan avanzar por el espacio, que nuevas formas de obtener energía, de aprovechar los recursos. Hay, como diría Machado, un pueblo que piensa y trabaja.

Pero los políticos y los periodistas no. Ellos siguen en sus cosas, en sus disputas, en crear estados de opinión sobre temas que ya nos aburren, que nos sabemos de memoria. Sabemos que robaron, que tenían frutas podridas entre ellos, que fue el exceso de confianza o es desconocimiento de todo lo que facilitó que algunos convirtieran el dinero público en patrimonio personal a la pasmosa velocidad del rayo.

Eso lo sabemos, y lo que queremos, lo que verdaderamente nos podría interesar es que devolvieran la pasta, que no fuese un millonario el que tuviera que hacer caridad con los pobres (como hace doscientos años) sino que las fortunas de los que se enriquecieron a golpe de estafa volviesen a nosotros. A mi poco me importa que en el Congreso se insulten y hagan sus juegos retóricos o sus demostraciones de conocimientos inútiles. Eso tiene tanta repercusión en mi vida diaria como los resultados de la jornada deportiva. Lo que realmente puede mejorar mi bienestar y adecentar el vecindario es que establezcan mecanismos para que aparezca el dinero. No basta con imputados, investigados, condenados, encarcelados… hay que traer el dinero a casa, organizar una especie de Salvar al soldado Ryan para poder recuperar los millones (que tampoco tengo muy claro si tantos millones tenían las arcas públicas).

Pero sin embargo en lo que se preocupa la clase política y los medios de comunicación es en investigar la corrupción, en proteger los derechos civiles en Venezuela, en Gibraltar… Y mientras tanto el mundo avanza, sigue escapándose y no parece que nadie piense en hablar de nuevas tecnologías en las aulas, en adaptar las universidades a los nuevos tiempos, en convertirse en un productor mundial de energía renovable, en potenciar la investigación a largo plazo creando inquietudes en las niñas de infantil…

Hubo un tiempo en el que algo se estaba moviendo. Gentes en las plazas reclamaban nuevas formas y nuevos caminos. Todo iba a cambiar, y casi todo sigue igual. Al final tendremos que hacerlo nosotros mismos. Tendremos que decidir ahora lo que queremos ser de mayores, o cuando nos despertemos la mediocridad seguirá aquí.

 

 

Familias necesitadas.

Querido/a necesitado/a:

En estos días estarás recibiendo los alimentos y otros bienes de consumo que te harán llegar desde los bancos de alimentos. Ya se que te emocionarás y agradecerás a la sociedad en general su solidaridad y su trabajo voluntario para que tus hijos puedan tener un plato de comida que llevarse a la boca. Te escribo para pedirte que no me incluyas en tus agradecimientos.

Yo no he participado en ninguna campaña para llenar los bancos de alimentos.

Y no es que no pueda, es que no quise. Y si me lo permites te voy a explicar mis razones.

En primer lugar no creo en la caridad. Creo en una sociedad solidaria con el que lo necesite, pero sobre todo en una sociedad que busque que no haya necesitados, o que los casos de necesidad sean puntuales y con un límite temporal. Tengo la certeza que en los últimos años han conseguido crear una bolsa de ciudadanos excluídos a los que se les negará toda posibilidad de futuro. Lamento decirte que tú, y tus hijas estáis dentro de ese grupo. Y el que te da arroz y comida para que puedas agradecérselo está negándote un futuro mejor y una oportunidad para tus hijos. Te dan caridad para que lo agradezcas, para que te sientas obligado y pienses que menos mal que a tu alrededor hay gente muy generosa que te compra unas conservas sin pedirte nada a cambio. Yo creo en la solidaridad. No me tienes que agradecer nada porque creo que debe existir una justicia social que no permita que tu no tengas nada para darle de comer a tus hijos y que los hijos de tu vecina lleven en los pies zapatos de 180 euros.

En segundo lugar no me interesa hacer cuadrar el balance contable de empresas como Carrefour o Mercadona. Dan una gran publicidad a la campaña de recogida de alimentos para que cuando hagamos nuestra compra compremos algo más para tí, necesitado o necesitada. El resto del año tiran a la basura toneladas alimentos que no se han vendido en su momento en lugar de cederlos a las cocinas económicas, pero ese día ponen sus cajas en la puerta para que no nos olvidemos de ser caritativos con los que no tienen nada. Pero nada dicen de los beneficios que obtienen en forma de incentivos y desgravaciones fiscales, por no hablar de la tan cacareada responsabilidad social corporativa que les sirve para hablar más de sus buenas acciones que de sus malas prácticas.

En tercer lugar no quiero colaborar con el Opus Dei. Los directores de la mayoría de los bancos de alimentos españoles pertenecen a esta secta católica y su lema es beneficiar y promocionar a los suyos y repartir las migajas entre los más necesitados para que la ciudadanía crea que somos una sociedad justa y solidaria. Confío más en otras entidades que hacen la misma función pero con menos publicidad, y sobre todo con menos apoyo del gobierno y de las grandes multinacionales que controlan la distribución de alimentos.

Por último no se lo que pensarías tú, pero a mí me resultó terriblemente bochornoso que unos voluntarios me pidiesen un kilo de arroz para los que lo pasan mal y a la vez en todos los centros comerciales del país se nos invitase a comprar sin control para aprovechas las grandes ofertas del black friday. Tengo la impresión de que la gran recogida de alimentos fue a final de noviembre para poder limpiar nuestra conciencia antes de dedicarnos a gastar lo que no tenemos para las fiestas navideñas. No puede ser que en las emisoras de radio y en las televisiones los anuncios en los que se pedía que ayudásemos a los que menos tienen se mezclasen con el “compra compra compra aunque no lo necesites” de las mismas multinacionales que lo controlan todo.

Por eso no he participado en la recogida de alimentos para la FESBAL. Se perfectamente que todas estas explicaciones de persona acomodada te parecerán ridículas y hasta ofensivas si lo que tienes en tu casa es una nevera con un paquete de salchichas para cuatro. Alguna vez también yo estuve sentado a tu mesa y vi la impotencia que tu sientes en el rostro de mi madre. Pero no quiero darte caridad, no la necesitas. No quiero que me digan que hay mucha necesidad entre mis vecinos y que debo colaborar con lo que pueda, como me decía hace unos días uno de la Cruz Roja. Lo que yo quiero es que la ciudadanía practique la acción directa y anónima. Cada uno de nosotros puede cambiar las cosas y ayudar al vecino que lo está pasando mal sin que tenga que venir el del Carrefour o los de Antena 3 a darnos lecciones de nada. Estoy seguro que en nuestros barrios hay mucha gente dispuesta a ayudar solidariamente sin que sean necesarias grandes campañas publicitarias. Simplemente es cuestión de salir y encontrarnos.

 

Reconversión taurina

 

Que la llamada fiesta nacional es algo que tiene que desaparecer no debería dudarlo nadie. Cada vez son más las ciudades que se declaran antitaurinas y no pasa nada, la ciudadanía no siente una necesidad irrefrenable de ver como se mata a un animal y no se organizan protestas solicitando a los alcaldes y alcaldesas que organicen este tipo de festejos. Más bien al revés, cada vez hay más gente movilizándose para que en su pueblo o en su ciudad no se haga un espectáculo de lo que en definitiva es la matanza de un animal. Incluso en Europa, que tanto nos dejaron gastar sin pedir explicaciones, comienzan a preguntarse si estará bien gastar el dinero destinado a la cultura en lo que aquí llaman algunos arte. Conociéndonos como nos van conociendo comienzan a sospechar que se está gastando demasiado en subvencionar las corridas de todo argumentando que se trata de una tradición y de todo un arte que hay que conservar.

En definitiva, que creo que eso de ver a un hombre manchado de sangre rematar a un animal medio atontado por la multitud tiene sus años contados.

Y como somos como somos, le pese a quien le pese, algunos ganarán mucho dinero con esto. Ya estoy viendo los informes aconsejando que se siga derramando sangre en las plazas del pueblo debido al fuerte impacto económico que tendría su supresión. Ya empiezan algunos a quejarse de lo acosados que se sienten e incluso hay quien defiende la fiesta como una manera de proteger al toro de la extinción.

Pronto habrá ayudas para el cese de actividad, y si ocurre como con el lino o los olivos, la cantidad a percibir se calculará según la extensión y serán los terranientes de siempre los que más se beneficien. Imagino que habrá bonificaciones en la seguridad social para que los supermecados contraten a los toreros como carniceros, después de los pertinentes cursos para el cambio de actividad, claro.

Y que decir de los ERE’s que sin duda habrá que regular de algún modo para facilitar que las cuadrillas que antes acompañaban y vestían al protagonista puedan reorientar su vida laboral.

Y entre todos lo pagaremos. Las prejubilaciones sin apenas haber cotizado a la seguridad social, las ayudas para que los chicos que querían ser toreros se pongan a estudiar, las subvenciones para que los artesanos dedicados a hacer trajes de luces no tengan que cerrar el negocio…

Todo será una desgracia. Habrá manifestaciones en las calles y los toreros se harán fuertes en el consitorio del pueblo y defenderán a capa y espada su derecho a torear. Imagino una batalla campal entre los antidisturbios y los taurinos…

Bueno, me estoy saliendo del ruedo.

Lo que quiero decir es que siendo como es inevitable que se acabe el negocio y enriquecimiento de algunos matando toros estaría bien que comenzásemos a pensar que hacer con los trabajadores y trabajadoras que viven de eso. Quiero pensar que la mayoría sabe que eso no tiene futuro y están intentando buscar otra ocupación, o al menos son conscientes de que sus hijos y hijas no podrán vivir de eso.

Pero como a veces estamos tan involucrados en el asunto que no podemos pensar con claridad estaría bien que comenzásemos dar algunos avisos para que la cosa no se complique demasiado. Tal vez ir apagando las luces, como en algunos bares para avisar que en breve cerrará.

Torero, apaga el traje y vámonos. Sería un buen mensaje.

 

Muertes de verano

Ya está aquí agosto y como cada año las muertes estivales. Y no hablo de los accidentes de tráfico ni de los innombrables suicidios que han subido más de un 20% en España en los últimos años. Estoy hablando de las muertes de emigrantes en el mar.

Sin liga de fútbol y con los políticos de vacaciones hay espacio suficiente en los periódicos y en los informativos para hablar de la crisis migratoria que nos afecta. Porque de los millones de desplazados que existen en el mundo hablamos poco o nada, del mismo modo que pasamos de puntillas sobre las muertes de niños de hambre o por minas antipersona (si amigos, aún existen minas antipersona por el mundo) o evitamos sacar el tema de la ablación de niñas (cosas culturales) o de los niños soldado o las niñas prostituidas para entretenimiento de los grupos armados que a veces nos ayudan en la lucha contra el terrorismo.

Hay muertes y muertes, está claro. Y si prestamos tanta atención mediática y abrimos informativos y boletines radiofónicos con las tragedias en el Mediterráneo es porque se vienen a morir en nuestras playas. No escuchamos cuando nos hablan sobre las condiciones de vida de sus paises de origen o sobre las dictaduras que sufren. No nos interesa lo más mínimo ese rollo del coltán, del oro o de los diamantes. Preferimos pensar que son los malvados radicales religiosos los que hacen que la vida sea insufrible en aquellos lugares y de este modo no nos planteamos si nuestro modo de vida será sostenible.  Nos gusta sentirnos alejados de la miseria y la destrucción que la forma de vida que nos imponen y que aceptamos está provocando.

Y cansados de esperar miles y miles de personas deciden buscar un futuro mejor para ellos y para los suyos. Y claro que vienen a europa y a occidente, a donde van a ir? Pretendemos que nuestra sociedad es la mejor sociedad posible, que este sistema de consumo y democracia es lo más adecuado pero nos sorprende que haya personas desesperadas que quieran participar de la fiesta. Y como cada año nos apenamos y pensamos en lo desesperados que están, pero no sabemos o no queremos exigir a los gobernantes que trabajen para cambiar las cosas. Ellos ya están bastante ocupados en sus cosas políticas y nosotros estamos disfrutando de unas merecidas vacaciones y al llegar setiembre de nuevo a la rutina laboral (el que tenga trabajo al que regresar) y al ajetreo escolar.

Los muertos del verano serán frías estadísticas que ya no nos conmoverán. Al fin y al cabo no son nuestros hijos ni nuestros padres, no son las hijas del vecino a las que vimos crecer ni son los compañeros de clase de nuestros niños. En realidad son simplemente la prueba de una realidad mundial injusta y que no parece que vaya a ser posible cambiar mientras no cambiemos nuestras preferencias y nuestro modo de entender la vida.

El secreto de las comunicaciones.

El secreto de las comunicaciones

A las 13:34 recibo en mi teléfono móvil una llamada de un número que comienza por +40. Descuelgo y pregunto quien es, como es normal, y un hombre al otro lado comienza a decirme “Aló aló…” Obviamente, se habían equivocado de número y no entendía lo que yo le decía, a pesar de explicarle despacito que estaba llamando a España y que no entendía lo que me quería decir.

Colgó.

Por curiosidad busco de dónde provienen las llamadas con un +40 y descubro que se trata de Rumanía. No tengo conocidos y ni familiares en Rumanía, que yo sepa, aunque nunca se sabe.

A las 14:07 recibo el siguiente mensaje: “Movistar publi: Habla con Europa y EEUU por solo 9cts/min. Llama o envía SMS… y contrata UnicaEuropa+EEUU por 1e/mes.”

Qué coincidencia!!

Una de las libertades que tenemos garantizada por la tan defendida por algunos y cuestionada por otros constitución española es el secreto de las comunicaciones, en especial de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial, claro. En concreto aparece en el artículo 18, dentro del capítulo dedicado a los derechos y las libertades.

De sobra sabemos que en la actualidad todas estas libertades y derechos están bastante matizadas. Con esto del terrorismo y de la costumbre que ahora tiene la ciudadanía de manifestarse acaban de aprobar una ley que limita bastante lo que podemos hacer sin que nadie se entere. Por no hablar de todas las cosas que ahora son delito. Sabemos que por necesidades de los cuerpos y fuerzas de seguridad de los estados (del nuestro y de los otros) pueden analizar nuestras conversaciones telefónicas y pueden filtrar nuestros correos electrónicos buscando palabras clave que hagan saltar las alarmas. Si se graban entre ellos, qué no haran con los ciudadanos!!

Pero de lo que se trata aquí es de publicidad, pura y dura. A veces sospecho que todo este tinglado de internet y de las nuevas tecnología no es más que una nueva manera de publicidad. Del mismo modo que las revistas sobre moda o sobre vida sana no son más que catálogos financiados por las empresas del sector para hacernos sentir que necesitamos vestirnos con colores marinos o que lo mejor para nuestra casa es ese esquinero de estilo rústico, así las nuevas tecnologías se usan básicamente para conocer nuestros intereses y ofrecernos, casualmente, los productos que estamos buscando.

Haced la prueba con el facebook o con el correo electrónico. Si hablas mucho de un tema utilizando palabras como estudiar, cursos, formación no tardarán en aparecer anuncios sobre academias, cursos a distancia o incluso universidades a distancia. Incluso tendrás correo basura referido a estos temas!!

Dicen que todo está automatizado, que utilizan algoritmos aleatorios para conocer tus intereses y ofrecerte un mejor servicio. Y puede ser cierto, actualmente la ciencia avanza que es una barbaridad. Pero aún así debemos ser consciente de que las nuevas tecnologías pueden hacernos perder nuestra individualidad y convertirnos en simples receptores de su publicidad. No paran de utilizar el termino personalizar, tenemos televisión personalizada, personalizamos nuestros ipones y nuestros teléfonos y seguramente existen aplicaciones para aplicar nuestra configuración personal en el microondas o la ducha inteligente de nuestra casa, pero no estoy seguro de que seamos nosotros los que decidimos. Tengo la sensación de que todo en el mundo virtual es personalizado menos nuestra capacidad de vivir, que cada vez es más en serie.

 

Hoy juega la Roja!!

Hoy juega la Roja!

 

No hay banderas en las calles, ni carteles en los bares para que anotemos los resultados. No hay especiales en los informativos de la tele y la prensa escrita no nos regala guías con todos los equipos y las jugadoras que marcarán la diferencia. No hay mensajes en el facebook con diciendo “A por ellos” o “Yo soy lalala lala lalala”

No.

Los programas de deportes no llevan dos meses siguiendo el día a día de “las nuestras”, y no sabemos qué música escuchan o si juegan a la play o si incluso leen libros, que al ser chicas es posible que lean, y todo…

Si queridas amigas, hoy comienza el mundial de fútbol para la selección española, y es muy posible que no hagan el bochornoso ridículo que hace un año hicieron nuestros bien pagados representantes masculinos. A mi todo este rollo tribal-deportivo no me emociona demasiado, la verdad, pero resulta un poco sorprendente lo limitada que es la información sobre el deporte. A pesar de que el diario más vendido ofrece información deportiva, no se puede decir que esta sea plural e independiente. En esto coincide con el resto de la información que nuestros medios de comunicación nos ofrecen a diario, todo hay que decirlo. Pero es que aquí se trata de fútbol, y la ausencia de interés por parte de la prensa y por parte de la ciudadanía denota un sesgo de género que entre todos, y todas, tendríamos que intentar eliminar.

El deporte femenino existe! Las mujeres no sólo se dedican a la gimnasia rítmica (donde son campeonas) o la natación sincronizada. También juegan al fútbol o practican atletismo. Comprendo que no despierte las mismas pasiones que los toros o la Semana Santa, pero como sociedad podriamos intentar hacer algo más por la igualdad y no permitir que sean solamente los políticos, y políticas, los que hagan campañas publicitarias para hacernos ver que somos iguales, somos diferentes.

Hoy juega la selección española de fútbol. Se merecen el mismo trato que los chicos, y no ese tono paternalista que algún periodista deportivo emplea al hablar de las “chicas”  como si fuesen a Canadá en plan intercambio, a vivir una experiencia. Ellas van a competir y a ganar, deberiamos preguntarnos cuando les van a pagar a ellas por ser representantes de España. Tengo la certeza de que ni por asomo será lo que tenían pensado pensado pagarles a los “chicos”. Eso si, cuando ganen el mundial nos miraremos orgullosos y pediremos que para el próximo año les concedan el permio princesa de Asturias. Por no hablar de todas las fotografías que los presidentes de gobiernos, de comunidades autónomas, de diputaciones e incluso de alguna comunidade de vecinos querrá hacerse con ellas si consiguen traerse la copa…

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